
Desde que Jacques Balmat y Michel Gabriel Paccard conquistaran el Mont Blanc en 1786, los hombres no han cesado de codiciar las innumerables cimas del macizo. Los precursores del alpinismo fueron ingleses de clase alta que contrataban los servicios de los guías del valle. Poco a poco, este deporte ha ido evolucionando hasta que se han conquistado las paredes más desafiantes. El hombre siempre ha tratado de sobrepasar los límites de lo imposible, logrando hazañas como la conquista de la cara norte del pico Walker (1938) y el Linceul (1968), las Grandes Jorasses, el pilar suroeste del Petit Dru (1955), el pasillo norte del Dru (1973) o incluso la cara sur del Fou (1963). La historia de Chamonix está impregnada con las hazañas de Terray, Rébuffat, Cassin, Bonatti, Desmaison, Hemming o Bérault y se ha forjado al ritmo de las proezas logradas en el macizo.
Actualmente, la evolución de este deporte lleva a los alpinistas a frecuentar regueros y cascadas de hielo, pero los clásicos como la ascensión al Mont-Blanc siguen siendo algunos de los itinerarios más demandados. Dentro de sus posibilidades, todo el mundo puede disfrutar de la fantástica experiencia de una travesía de alta montaña en un marco único en el mundo.
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El llamado techo de Europa es el tercer espacio natural más visitado del mundo y continúa atrayendo a millones de visitantes y miles de alpinistas cada año. Vencer al Mont-Blanc sigue siendo un sueño que comparten numerosos deportistas aficionados o experimentados. Este sueño es alcanzable siempre y cuando no se subestimen los flancos aparentemente sencillos de esta montaña legendaria.
A caballo entre las localidades de Chamonix, Saint Gervais y Courmayeur, el Mont-Blanc se aborda principalmente por la ruta denominada "normal", pasando por la aguja del Goûter y la cresta de Bosses, aunque existen numerosos itinerarios menos frecuentados para alcanzar la cumbre. Uno de los más accesibles es el "atravesado", que parte del Aiguille du Midi y que bordea el Mont-Blanc du Tacul y el Mont Maudit. Tampoco podemos olvidar la "travesía real" desde las cúpulas de Miage, que franquea la famosa cresta de Bionnassay o, para los más aguerridos, la cresta Innominata, desde Italia.
Folleto informativo « La ascensión al Mont-Blanc es una cuestión de alpinismo ».









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